Hay que aprender a ser egoísta, a saber cuando necesitas un tiempo para ti, sólo para ti, sin importar nada ni nadie más, hay personas que esos tiempos no los saben aprovechar, no saben ser egoístas, y si lo intentan algunas tienen tan mala suerte que seguro que por intentar ser egoísta por su bien, al final le acaba haciendo más daño.
Hay momentos en los que todos pararíamos el tiempo, en los que necesitas aunque sea un minuto en el que todo se quedara congelado, para pararte, pensar, reflexionar, centrarse, coger aire y activarte de nuevo, el problema es que la vida no para, la vida sigue es egoísta, no nos concede ni un segundo de pausa, y si tu decides parar, nadie parará contigo, las personas seguirán su camino y pararán cuando realmente lo necesiten, cada uno en su segundo, cada uno en su momento, pero la vida seguirá , si paras, las personas que realmente lo sientan, te harán un resumen de ese segundo que paraste, las demás.. Seguirán por su camino, no un segundo por delante, porque todos necesitamos parar en algún momento de nuestra vida, en el mismo momento, pero ese resumen del paro no te lo concederán.
Las personas por naturaleza somos egoístas, unos más y otros menos, pero el instinto de supervivencia nos hace serlo. Esto no es malo, muchas veces es necesario, porque realmente el que más se va a preocupar por uno mismo es ese mismo, nadie más te va a conocer mejor que tú, ni estará pendiente de ti, ni vera las cosas como las ves tú. Hay que ser egoísta en ese sentido, aunque a veces si no lo eres, cuesta empezar.
Hay que saber donde esta el límite de egoísmo por supervivencia y egoísmo por lucro.
Hay momentos que tienes sensaciones que nadie entiende, pero que tampoco las puedes explicar.
Llega un momento en tu vida en el que solo puedes tirar para delante tu contigo misma, nadie te puede ayudar directamente, pero tampoco nadie te entiende, tu explicas y explicas sensaciones, sentimientos, y todo lo que pasa por tu cabecita y tu cuerpo intenta digerir, pero nadie realmente es capaz de entender, cuando llegas a una situación en la que sientes que llegas tarde, que este momento tendría que a ver llegado hace mucho tiempo, en la que luchas y luchas pero no ves el fin, en la que consigues mini objetivos pero aun queda mucho camino que recorrer y muchas piedras que esquivar. Nadie lo entiende. Es duro, porque no puedes contarle a nadie lo que te ocurre porque llega un instante en que estas tu sola contigo y nadie más. Es tu batalla, cada persona tiene la suya, algunas fáciles de ganar otras no tanto, pero todas llegan a su fin de alguna manera.
En estos momentos es cuando tienes que coger valor de donde sea y aprender a ser egoísta, a saber parar ese segundo que tanto cuesta y aprovecharlo hasta el final, coger fuerza y empezar a andar con pasos más que firmes.
Son esos momentos de egoísmo, de pensar en ti, que si los aprovechas, aprenderás muchas cosas, sobre ti, sobre los que te rodean, sobre la vida. Pequeños detalles que sí no paras ese segundo pasan desapercibidos. Seguro que hay personas que ese segundo que tu necesitas lo ven innecesario, no lo entiendes, o simplemente siguen su camino, también hay otras que no pararán, pero esperarán con su mejor sonrisa, recogiendo todos los detalles que pasen en ese segundo, que tu estas en ti, sólo en ti mismo. En esos momentos te darás cuenta de miles de detalles que pueden estar ocultos si vamos en línea recta y nos saltamos las curvas.
[Cuando aprendas ese tipo de egoísmo, tu corazón no albergará tantas cicatrices]